He encontrado diversas referencias sobre el origen del repujado en metal, observo en ellas un denominador común, los iconos rusos. El texto que aparece a continuación fue tomado de un documento (lamentablemente no figuraba el nombre del autor) que me facilitó una estimada amiga.
| Origen ruso |
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| En el terreno de las artes, los íconos rusos gozan de gran reconocimiento a nivel mundial, tanto por su bagaje espiritual, como por su belleza artística. Es un arte que atrae la atención tanto de especialistas, como público en general.
Una referencia sobre la milenaria historia de la iconografía rusa es ofrecida por Vladimir Ivanor, teólogo ruso, en un libro titulado "El Gran Libro de los Iconos Rusos" impreso por Ediciones Paulinas. |
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| El ícono |
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Definición: ícono viene del griego eikon, que significa imagen.
Es fácil contemplar un ícono y admirar su belleza pictórica, el conjunto de colores, líneas, el legado artístico. Pero ante un icono es necesario además comprender otros significados, los signos. Los colores por ejemplo:
- blanco: refleja la luz, la santidad
- oro: simbolo de luz increada (Dios luz)
- azul: misericordia, amor de Dios hacia el hombre
- rojo: sangre, fuego, amor, sacrificio
- negro: tinieblas, infierno, muerte
- verde: vida, renovación
Al iconógrafo (pintor de íconos) se le llama "escritor de íconos" porque su obra es como "una página escrita" no con palabras, sino con símbolos, colores e imágenes. La iconografía pues, está organizada y concebida como una anticipada representación simbólica del mundo escatológico.
El icono ha venido a ser el símbolo de las iglesias de tradición bizantina.
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| La evolución del ícono y la necesidad del metal. |
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En los primeros tiempos del cristianismo, las imágenes eran consideradas culto pagano. Fue hasta el siglo IV que aparecen en los templos, los primeros cuadros de santos y mártires. En oriente medio aparece el ícono hacia el siglo VII. Con el paso de los años surge una especie de superstición en torno a los íconos, y el emperador León III prohíbe el culto a las imágenes. Este decreto fué nefasto para la conservación del arte, muchas obras fueron destruídas por los iconoclastas, el pueblo se amotinó y desobedeció la prohibición, hubo grandes represalias, se produjeron terribles persecuciones y hubo un gran número de mártires (entre ellos San Juan Damasceno, monasterio de San Sabas, en Judea)
Fue años después (siglo VII), cuando subre el trono la emperatríz Teodora que da por terminadas las luchas y devuelve la paz. El Concilio VII de Nicea permite la veneración de las imagenes y el ícono pasa entonces a ser considerado un testimonio, un medio de expresar la veneración a Dios.
Con el pasar de los años, los íconos se fueron deteriorando y en ocasiones eran reparados mediante retoques de pintura, sin embargo el método no resultaba eficaz. Fué en el siglo X cuando la "Comisión Panrusa de Restauración" decide recubrir con un protector de metal dichas pinturas, dejando entrever únicamente el rostro (en ocasiones también las manos).
Dicha cobertura podía aplicarse en oro, bronce ó plata, y reflejaba una copia de todos los detalles del ícono mismo, convirtiéndose así en una una hermosa de orfebrería. |
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